ASESORAMIENTO EN CRIANZA

¿Por qué me altero cuando mi hij@ no me hace caso?

¿Cómo puedo gestionar sus rabietas de otra manera?

¿Hay otras formas más amables de educar y acompañar?

¿Por qué me altera tanto que l@s abuel@s se entrometan en la manera que educamos a nuestros hijos?

¿Por qué me cuesta ofrecer presencia y atención a mi hij@?

¿Por qué la maternidad nos ha desestabilizado como familia?

¿Cómo dejar de depender emocionalmente de mi madre o mejorar la relación con ella?

Mi pareja y yo nos hemos separado y tenemos un/a hij@ pequeñ@. ¿Cómo gestionarlo para no sufrir?

¿Es posible un divorcio pacífico con hij@s de por medio?

¿Por qué cuando mi hij@ está en régimen de visitas con su padre siento la necesidad de llamarle o mandarle mensajes preguntando por el/la  niñ@?

 

Si te sientes identificad@ con éstas y otras preguntas del estilo, tal vez sea porque esa infancia maravillosa que recuerdas donde tus padres te dieron “todo y no te faltó de nada”, inconscientemente no fue tan maravillosa… La falta de besos, abrazos, caricias, miradas, presencia; los llantos  y enfados reprimidos  o distraídos y esa búsqueda continua  de amor satisfaciendo las necesidades de papá y mamá, han hecho que ahora, en la maternidad/paternidad, se reactiven automáticamente  aquellas vivencias y emociones infantiles relegadas en la sombra. La consecuencia es que, sin darnos cuenta, pedimos que nuestros hij@s cubran aquellas necesidades propias y auténticas que no obtuvimos de  nuestros padres y, además, lo hacemos de manera desplazada: “hazme caso”,”mírame cuando te hablo”, “escúchame”, “quédate ahí sentad@ mientras yo…”, “no tengo tiempo para nada”, “vete a dormir ya”, “no seas mal educad@”, ” ¡dale un beso!”, y un largo etcétera.

  

Conocerte como hij@ ayuda a comprenderte como madre o padre y mejora la relación con l@s hij@s

¿Qué significa sanar tu pasado emocional?

El objetivo principal y primordial de todo ser vivo que nace (animal o vegetal) es la supervivencia.

Cualquier animal o planta está biológicamente diseñado para vivir en tribu,manada o agrupación. Es fácil entender que cuando un animal no es aceptado en la manada por el motivo que sea, tiene todas las de perder en una selva llena de depredadores. Hasta aquí se entiende que para que un individuo sobreviva necesita pertenecer a un clan, un grupo o una comunidad.

La especie animal “homo sapiens sapiens”, más conocida como humanos,  llegamos a la etapa adulta como buenamente podemos, es decir, activando mecanismos de supervivencia para continuar viviendo el máximo de tiempo posible. Además, se nos añade una parte extra:el neocórtex, responsable de nuestra capacidad de razonamiento,del pensamiento lógico y la consciencia.

Estos mecanismos son mayormente inconscientes, ya que los repetimos por  patrones aprendidos dentro del grupo (familia) y se crean como respuesta y consecuencia a hechos que ocurrieron en el pasado. Estos patrones se traducen en “personajes, comportamientos, actitudes o personalidades” creados para vivir en grupo y ser aceptados.

En la primera infancia aprendemos como “normal” aquello que hacen o dicen nuestros primeros referentes:los padres. Vemos como “normal” que no recibamos de ellos tanto contacto, mirada, escucha, brazos, amabilidad, besos o respeto; en cambio, aprendemos que sí son “normales” los gritos, los castigos, las cachetadas en el culo, las amenazas, las riñas, los enfados, los “porque yo lo digo”, los “es por tu bien”, y un largo etcétera.

Una cría en la naturaleza, cuando tiene hambre come, cuando tiene sueño duerme, cuando necesita actividad se mueve y cuando necesita relacionarse juega. Nadie le dice si es la hora adecuada, si es la cantidad correcta o si es el momento preciso. Entiendo que vivimos en una sociedad donde hay horarios y rutinas que cumplir.Sin embargo, las personas vamos creciendo pensando que, para que el clan nos acepte y recibamos el amor de nuestros padres, hemos de ser sumisos, acatar órdenes, reprimir nuestras emociones, comportarnos de una manera o crear un personaje acorde a los gustos de los demás.

Aquello que acallamos de niñ@s, aquello que necesitábamos y aquello que genuinamente nos correspondía, es lo que se traduce como vacío emocional.

Sentir y sanar tu primera infancia es permitirte ahora ser quien realmente eres, comprendiendo (plano mental) y sintiendo (plano emocional) todo aquello que te correspondía legítimamente de pequeñ@ y no obtuviste. Ahora de adult@  puedes actuar (plano físico) para darte aquello que tus padres no pudieron ofrecerte porque no supieron: AMOR SIN CONDICIÓN.  

 Una consecuencia directa de esta indagación interior y toma de conciencia es que la relación con tu entorno tiende a mejorar.El grado de mejora depende de tus siguientes decisiones conscientes.

 

LÍNEAS DE ACOMPAÑAMIENTO EN CRIANZA

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